

RELATOS DE NIEVES JURADO |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema POEMAS. Sus ojos miran, buscan, oprimen, en la oscuridad de la noche, extraños, confusos; sin tiempo y sin vida, se abaten. El frío hiela el alma, la hiende; ropa húmeda, espigón de paño, mortaja; su cuerpo tirita, se estremece. Navío escaso, naviero cruel, la madera gruñe, rechina, ríe; insólito paraíso, impropio vergel. ¡Maldita tierra, maldito mar! El lamento se marcha, se pierde, en la triste ignorancia de otro lugar. Las sombras se abren, se agrietan; la luna pasa con fulgor mortecino, muestra rostros que lloran y lamentan. Las rocas surgen erectas, afiladas, la luz las muestra y las atrae, golpean fuerte arrollando despiadadas. Sus cuerpos caen, nadan se agitan, el agua abraza, baila, absorbe traicionera; mientras la muerte canta, los danzantes gritan. ¡Maldita miseria, maldito mar! La esperanza huye, vuela y retorna sola, abatida. En la arena yacen desnudos e hinchados; sin licencia para morir, sin equipaje; sepulcros de balde ¡qué osados! Duelo de almas perdidas sin bendición, solitarias, anónimas, desterradas, despiadado destino, alta traición. ¡Maldito mundo, maldito mar! Padre, ¡ya se llevan tapado al muerto! No mires, niño; sólo es otro ilegal. Estoy vacía, lo sé. Vacía, yerma. Exigua es la fertilidad que segrega mi cuerpo; terreno adusto que se ha revelado contra mí. Ya no hablo, Ya no miro, Ya no siento. Más allá de mis raíces no hay nada, y de nada me sirve tender las manos para suplicar alguna lágrima que humedezca mi vida. Recuérdame más allá del viejo sendero gris. Recuerda. Mi cuerpo bañado en gotas de rocío surcando junto al tuyo la más absoluta excitación. Mírame y dime que no hueles el viento, que no sientes aquella intensidad de vida oculta en nuestra piel. Recuerda. No todo está perdido. Quiero marcarte con algo más que poesía Y entrelazar mis sueños con tu vacío despertar. Quiero deslizarme por tu mirada, y cerrar mis ojos. Es la palabra la que inunda mi boca y desciende despacio, muy despacio hacia mi sexo, sacudiendo con fuerza mi embravecida sangre. Quiero marcarte con algo más que poesía Y perderme en las noches recordando tu olor. Un día más te espero sentada en la línea del horizonte, mirando hacia ese fuego inquieto en el que mi cuerpo desea transformarse. No es más que un instante, ¿dolor? No, mejor no hablemos de mí. |
