Top Blogs Españasrc="BlogalaxiaCounter
Free Counter
directorio de weblogs. bitadir RELATOS DE NIEVES JURADO
Facebook Twitter Google +1     Admin

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
Safe Creative #0908044194450

RELATOS DE NIEVES JURADO



SI QUIERES LEER, LEE.

Temas

Enlaces


MIENTRAS PENSABA

20100818122351-cortina-ducha-sangrienta.jpg

Mientras se duchaba, buscaba la mejor manera de suicidarse. Su vida era un maldito infierno. Él la maltrataba, su único hijo había fallecido hacía un año en un accidente de tráfico, y ella agonizaba sola. El dolor por el hijo muerto era tan intenso que, a veces, creía no poder respirar, sentía cómo el aire se volvía espeso y seco destrozándole los pulmones. Sin embargo, pese a su sufrimiento, tenía miedo a morir y ese miedo le hacía replantearse el suicidio. En su desesperación, se planteó matar a su marido. Algo rápido y discreto, como una desafortunada caída durante una de sus frecuentes borracheras. No sería difícil, de noche, con poca luz y aún menos equilibrio a causa del exceso de alcohol, un pequeño empujón le haría caer como un saco de carne inerte por las escaleras. Pero, ¿y si no muere?, no querría ni imaginarse las represalias de ese animal. Además, no podría pues, a pesar de todo, ella no era una asesina.

Tras unos minutos sintiendo cómo el agua mitigaba el dolor de la última paliza, tomó la decisión más importante de su vida: escapar. Sí, escapar lejos, donde nadie la encontrase nunca, donde poder empezar de nuevo. ¿Por qué no?, se acabó la mujer sumisa y aterrorizada, la que siempre calla mientras se ahoga en sus propias lágrimas. Una segunda oportunidad, eso deseaba  y eso se merecía. Se iría esa misma mañana, antes de que se hiciera tarde y él regresara a casa borracho como siempre. Dispuesta a huir e ilusionada con su insólito coraje, cerró la ducha. Pero al intentar alcanzar la toalla resbaló y su cabeza golpeó violentamente contra el grifo, salpicando de sangre la bañera.

 

CON LA SUERTE EN LOS TALONES (Relato leído en Radio Surco Albacete 95.0 fm)

20100611121938-foto0312.jpg

Te preguntas qué haces sentada entre tanta gente. Sin discreción alguna, dedicas unos minutos a ojear los rostros anónimos de quienes te rodean. Tú no deberías estar ahí, ¿o sí?, ¿crees que no lo mereces? Te duele la cabeza y cierras los ojos, “total no me van a dar nada”, piensas. Bueno, ya salió la optimista, la que siempre mira hacia delante.

-El siguiente, por favor –dice alguien en voz alta desde una de las únicas dos mesas que han habilitado para hacer los trámites.

Os miráis unos a otros, atentos a cualquier movimiento. Nadie habla. De pronto, ves que alguien se mueve. Un hombre menudo y con poco pelo sale triunfante de no se sabe dónde. Su brazo está levantado y en su mano se bambolean un montón de papeles. Le toca a él, es su turno. Los demás os relajáis, ya falta menos.

Esta mañana te has levantado tras una noche más de insomnio, has desayunado sin ganas, has arreglado a las niñas y las has llevado entre protestas al colegio. Nada nuevo para empezar, pura rutina. Sin embargo, hoy era el día señalado con rotulador rojo en el calendario para ir, una vez más, a la oficina de empleo, aunque en esta ocasión puede que haya un premio especial. El Ayuntamiento va a realizar unas cuantas contrataciones extras este verano, y ahí estás tú, y mil personas más, dispuesta a echar la solicitud para alguno de los trabajos que ofertan. Serán tres meses de contrato con un sueldo ridículo, pero no hay otra cosa. Comienza la caza, el trabajo no abunda y la crisis exige una lucha entre candidatos, atrás quedaron las buenas maneras, todos competís por llevaros uno. Crisis, la palabra de moda que obliga a mendigar un puesto, “para limpiar o lo que sea, señorita, me da lo mismo” le indicarás a la funcionaria que revisará con lupa tus documentos. Dicen que de las dos personas que atienden una es muy comprensiva; la otra, no. La vieja historia del poli bueno y poli malo. “¿Quién te ha tocado?” -oyes que pregunta alguien- “a mí la buena. ¡Buf, qué suerte!, a esa que acaba de salir con el bebé le tocó la mala”. La buena, la mala y tú sin atreverte a pronunciar una palabra, por si acaso.

Medio corriendo has llegado a la agencia de colocación y tras un “¿Quién es el último?”, te has buscado un diminuto trozo de pared en donde apoyar ligeramente tu espalda. Vas después de esa joven de la camiseta negra, aquella chica demasiado pálida y con demasiados piercing. Mentalmente haces memoria de lo que has traído, DNI, cartilla del paro, vida laboral…, seguro que al final te faltará algo, suele ocurrir en estos casos. De pronto, una incisiva pregunta irrumpe con brusquedad en tu cabeza: ¿qué vamos a comer hoy? Ya sabes, cuando salgas de la oficina tienes que ir a comprar antes de recoger a las niñas del colegio. Pero haz el favor de no comprar demasiado, no te lo puedes permitir, tu cuenta del banco está temblando. “Necesito trabajar, ya” piensas. El otro día te dijeron que podrías tener posibilidades de agarrar uno de esos puestos de trabajo.

-Tienes suerte –afirmó con demasiada alegría la trabajadora social- van a contratar principalmente a mujeres solas con hijos menores a cargo y que además sean paradas de larga duración, y ese es tu caso.

Sí, ese es tu caso. Considérate afortunada. Te divorciaste hace dos años, nunca has trabajado fuera de casa, sólo te has dedicado a tu familia. Pura demagogia, siempre estás igual. Todo esto te pasa por cometer ese tipo de errores, porque ahora no tienes nada. Pero no te preocupes, la suerte está de tu lado, la llevas pegada a los talones, reconócelo. Te han rechazado en varios trabajos, sabes que te sobran años y te falta experiencia. Incluso para limpiar te la va a pedir la señora funcionaria del pelo encrespado y rubio pajizo. “¿Experiencia?, ¿le parecen pocos 15 años de casada?”, le contestarás. Ella hará como que no te ha oído, pero sí lo ha hecho, lo sabes. Te tocó el poli malo.

Y te vuelves a preguntar cómo has llegado hasta ese punto. Sí, definitivamente eres una mujer con suerte, no te quejes.


¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

LAS VERDADES A MEDIAS (Relato leído en Radio Surco Albacete, 95.0 fm)

20100528002952-mujer-sola.jpg

-Hola, Inés, ¡qué bien te veo!, la verdad es que el pelo así de corto te queda de maravilla. ¿Te lo has aclarado? Pareces más joven –dijo Laura acercándose a Inés con la copa de vino blanco medio llena y una sonrisa tan artificial como la de una muñeca antigua.

La música sonaba lejos, demasiado lejos como para proceder del salón de al lado. Para Inés, el ruido de las voces era mucho más fuerte y molesto. No tenía ganas de aguantar idioteces y menos  dichas por alguien que lo único que sabía hacer era escupir veneno por la boca.

-Y dime, ¿sigues con tus proyectos de escritora?, ¿has escrito algo nuevo? Lo cierto es que el último relato que te publicaron en el periódico no estaba mal. ¿Cómo se titulaba?, “Mentiras a medio hacer” o algo parecido, ¿no?

- “Las verdades a medias”, Laura. Ese es el título del último relato mío que salió publicado en el periódico, y de eso hace ya seis meses. Desde entonces, como sabes, no he podido dedicarme a escribir.

Inés deseaba que alguien la sacara de esa estúpida conversación. Todos conocían perfectamente el sufrimiento por el que había pasado meses atrás. La mayoría de sus allegados evitaban cruzar con ella más de un puñado de palabras. La situación era incómoda, nadie podía negarlo y ella, menos. Pero la mujer que ahora estaba delante de sus narices poseía un don, el don de la impertinencia. No le bastaba con un simple y educado saludo, tenía que ahondar en la herida.

Los labios de Laura estaban hinchados por el exceso de silicona y su movimiento al hablar resultaba grotesco. Era una prima lejana, o algo así, y tenía por norma no faltar nunca a las reuniones familiares. Esas malditas fiestas, aburridas e insoportables que siempre organizaba la exquisita familia de Miguel, su marido, y que a Inés le traían sin cuidado.

-Bueno, querida, no te preocupes, ya te llegará la inspiración para escribir. Es cuestión de tiempo –afirmó Laura sin convencimiento alguno.

-Pues sí, eso es lo que pienso tener a partir de ahora, tiempo para dedicármelo sólo a mí -le contestó.

-¡Inés! –gritó alguien a su espalda. Su nombre le rebotó en la cabeza como una pelota de ping-pong.

-Hola, Carlos –saludó con desgana.

-¡Qué guapa estás!, un día de estos te voy a invitar a cenar, pero a ti sola, sin el pesado de tu marido –dijo con tono estridente y fuera de lugar.

Carlos era hermano de su suegro. Un viejo gordo y borracho cuyas venas de la cara parecían lombrices azules.

-Te sienta bien estar delgada –dijo con un lento escaneo del  cuerpo de Inés- Lo cierto es que siempre te sobraron unos kilos –añadió.

A Inés ese comentario no le hizo ninguna gracia. Su delgadez no era por motivos estéticos, precisamente. Un repentino odio llevó a su paciencia a alcanzar un peligroso punto de ebullición.

-Vamos, dejadla en paz de una vez que la estáis agobiando –sugirió Eduardo, sobrino de su marido. A pesar de su conocida afición a la marihuana, él era el único medianamente capacitado para entender el estado físico de Inés, no en vano, estaba a punto de terminar la carrera de medicina, todo un logro para una familia dedicada exclusivamente a la elaboración de vinos. –Tía, este ambiente tan cargado no te conviene, ¿quieres que busquemos al tío?, quizás deberías irte a dormir. Estás muy pálida.

-¿Pálida? ¡No seas tonto! Si está perfectamente, un poco cansada pero nada más. Algo muy lógico después de lo que ha soportado estos meses –afirmó Carlos acercándose demasiado a Inés que hizo un esfuerzo por no vomitarle encima.

-Sí, llevas razón. Estoy cansada de soportar tonterías sin sentido –aseguró la mujer agradeciendo el oportuno rescate.

-Ven, vamos a buscar al tío –propuso el joven con una leve sonrisa.

Carlos y Laura observaron estupefactos cómo Eduardo se la llevaba del brazo así, sin más, sin despedirse ni nada. Durante unos segundos permanecieron en un silencio incómodo y extraño. El olor a sudor lo impregnaba todo, hacía mucho calor.

-Es una pena. Está hecha polvo la pobre –soltó de golpe Laura

-Sí, lo es –afirmó Carlos mientras se secaba con el pañuelo el exceso de humedad de su congestionada cara.

-Bueno, ya hace tiempo le avisaron que fumaba demasiado. Y todo el mundo sabe que el tabaco… -la mujer bebió el último trago de su copa de vino.

-Sí, una pena –repitió el hombre asintiendo con la cabeza- Siempre fue muy atractiva, y sólo tiene cincuenta años –añadió pensativo.

-Cincuenta y tres –aclaró ella.

EL GATO AZUL

20091028020006-gato-azul.jpg

Cuando duermo, tengo la sensación de estar despierto. Y esa sensación no desaparece hasta que en mi sueño sucede algo tan extraño e irreal que me hace entender que sigo durmiendo. Sin embargo, tengo miedo. Miedo a no despertar, a que todo lo que conozco no sea más que un sueño y yo sólo un cúmulo de recuerdos. Podría pensarse en la similitud con Matrix. No, en el mundo de Matrix el cerebro de la gente es inducido de manera artificial y por medio de un programa informático a creer que vive una realidad cotidiana, como es la vida de cada uno. En mi caso no es así. En mi sueño intento despertarme una y otra vez y cuando creo lograrlo, sucede algo lo suficientemente absurdo como para hacerme comprender que continúo hundido en ese estado tan incoherente como incierto. Desesperado, exprimo mi mente y ordeno a mis ojos que se abran, a mi cuerpo que se mueva, y una vez conseguido me pregunto: -¿me estaré soñando ahora?

Por otro lado, me he dado cuenta de que ese suceso fuera de toda lógica, capaz de demostrarme que no estoy despierto, es siempre el mismo: la aparición en cualquier lugar de la escena onírica de un gato azul. Un estúpido gato azul que me observa con ojos inexpresivos cuando es un simple objeto inanimado, o con gesto arrogante cuando se presenta como un animal vivo. En este caso, se muestra con la boca manchada de sangre, que unas veces limpia despacio con su lengua y otras simplemente deja que se le pegue a los bigotes. En ese momento mi pánico es tan irracional que apenas me reconozco y deseo despertarme. Sé que sólo es un sueño. En teoría no puede hacerme daño. En teoría.

Una noche, no recuerdo cual, soñé que había amanecido, y me levantaba de la cama, me ponía mis pantalones y descalzo marchaba por el pasillo hacia la cocina. Todo normal, muy rutinario, hasta que en mi cabeza entró la duda de siempre: -¿estaré despierto? Empecé a buscar por toda la casa el maldito gato azul que me sacara de dudas. Hasta que noté un bulto en el bolsillo izquierdo de mi pantalón. Metí la mano y toqué algo frío. Lo extraje con cuidado. Se trataba de una pequeña figura de porcelana de un azul muy intenso: un gato sentado sobre las patas traseras. Me miraba. En seguida supe que yo continuaba durmiendo. Deslicé mis dedos por la cabeza del animal, estaba suave, bajé por su lomo y recorrí su cola. Un odio repentino me obligó a estallar la figura contra el suelo. Yo sólo quería despertar a la realidad y no volverlo a ver nunca más. Los trozos salieron disparados como proyectiles hacia todas partes. Mi pie descalzo pisó un pedazo que había quedado a su lado. La sangre manchó el suelo. En ese instante me desperté.

A veces, cuando estoy despierto tengo la sensación de estar soñando. Afortunadamente, esa sensación se desvanece cuando me limpio con la lengua la sangre del ratón que yace muerto entre mis patas y que aún llevo adherida a mis bigotes azules.

CONCLUSIÓN FINAL

20091016163135-relato-cientifico.jpg

-Las condiciones necesarias para que pueda desarrollarse vida en otro planeta son numerosas. Estaríamos hablando, por ejemplo, de la fundamental presencia de agua en estado líquido o de la obligación de hallarse en un sistema solar con una estrella tan estable como nuestro Sol…

El eminente astrofísico daba una magistral conferencia sobre el Espacio en la Universidad Complutense de Madrid ante un público absorto.

-…Y así, mi conclusión final ratifica que es prácticamente imposible la existencia de organismos superiores, ya sean semejantes a los que habitamos la Tierra o diferentes, en otro lugar del Universo.  

El extraño ser que escuchaba en la parte más oscura del paraninfo, sonrió complacido. Con teorías así, su civilización y todo su planeta estaban a salvo.

"LA FOTOGRAFÍA"

20090805004335-foto-familia-espejo.jpg

Me miraban, sonreían y se fotografiaban con el descaro más impune. La lucidez y la enajenación iban de la mano en ese instante, un instante tan normal como el hacerse una fotografía en familia y a la vez tan irreal como un viaje a las entrañas de la pesadilla humana. Creyeron que yo estaba vacío, pensaron que sus ojos alegres eran ajenos a todo mal, pero se equivocaron. Todos se equivocaron. No se debe jugar con las almas, son demasiado débiles, y quien lo hace corre el riesgo de perderla. Yo me alimento de almas, siempre lo he hecho. Almas crueles o inocentes, me da igual. Cuando atraviesan mi esencia se quedan en este lado. No existe el retorno.

Fred Conrad, gran aficionado a la fotografía, apostó al caballo equivocado y me entregó su alma y la de sus seres queridos. No es bueno tanto entusiasmo por una foto, no es bueno despertar mi sed. En realidad nunca quise que nuestra relación acabara de esa manera, llevábamos años compartiendo habitación. Yo he reflejado sus miedos, sus alegrías, sus esperanzas, sus fracasos, en definitiva yo he sido un fiel reflejo de sus vidas. Pero los espejos no atendemos a razones, si se nos provoca respondemos con ira.

Ahora los tengo a todos, han quedado estáticos, como la misma fotografía. Cada uno con su historia, historias ocultas que yo conozco perfectamente. Como la infidelidad secreta de  la señora Conrad, el pequeño Tim que quedó en su regazo para la eternidad es fruto de una apasionada relación con Fran el joven vecino del primero. O la adicción a las drogas del mayor, Freddy. Luego está Mary, y su colección de objetos robados. Y por último Sam, quien junto a sus amigos ahorcaba gatos en la vieja casa abandonada del final de la calle, curiosa afición. Aún así, se les ve felices, creen que sus intimidades, que sus pecados están a salvo. Incluso la cara de Fred parece expresar la resignación por el cáncer que lo devoraba por dentro y del que nunca habló.

Una familia maldita, una fotografía hecha delante del espejo que los absorbió a todos en un click. Un error imperdonable.

"LA CRISIS DE PULGARCITO" (La otra cara del clásico)

20090624011535-pulgarcito.jpg

Había una vez un matrimonio de trabajadores en paro de larga duración que tenían siete hijos. Todos los niños eran grandes, fuertes y estúpidos, menos el último que era algo más listo y tan pequeño como un dedo pulgar, por eso a sus padres se les ocurrió la feliz idea de recordarle toda su vida aquel aspecto tan insignificante poniéndole el ridículo nombre de Pulgarcito.

Los seis hijos mayores eran vagos e inútiles y lo único que sabían hacer era comer, escuchar música a todo volumen y chatear por Internet; sin embargo, Pulgarcito dedicaba gran parte de su tiempo a leer novelas históricas y a ver los documentales de naturaleza de la dos, por lo que con el tiempo fue un pequeño bastante espabilado y culto.

Una noche, en plena crisis del 2009, Pulgarcito se despertó y oyó que sus padres se lamentaban de la falta de dinero y de la escasa ayuda del gobierno para las familias numerosas. Estaban apenados porque ese verano ni siquiera podrían ir de vacaciones unos días a Benidorm, ni tomarse una paella en el chiringuito de la playa, como todos los años. Pero cual fue la sorpresa del pobre Pulgarcito cuando escuchó decir a su padre:

-La situación de la familia es insostenible. Nuestros hijos gastan demasiado y no creo que nunca consigan un trabajo decente, además tampoco los veo trabajando, y no podemos permitirnos mantener en un futuro a un montón de “treinteañeros” rascándose las pelotas mientras nosotros no tenemos ni para una miserable paella en la playa. Lo mejor será abandonarlos, antes de que crezcan más y les cojamos cariño. Quizás, si se lo montan bien y tienen suerte, consigan algún día sobrevivir con un subsidio del estado. El único que merece un poco la pena es el enano ese, pero es demasiado canijo y, la verdad, me da vergüenza salir con él a la calle, además es tan pequeño que cualquier día se lo come un perro y ni nos enteramos.

Después de muchos pensar, los sufridos padres decidieron abandonar a los niños en la primera gasolinera que encontraran en cualquier carretera secundaria perdida entre montañas. Pulgarcito, quedó sorprendido y muy enfadado por lo que había escuchado.

-¡Serán cabrones! –pensó.

Al cabo de un rato dándole a la cabeza, el pequeño tuvo una idea. Dejaría miguitas de pan por el camino, así encontrarían la manera de regresar a casa y sus padres no se saldrían con la suya.

A la mañana siguiente, se metieron los nueve en el monovolumen a medio pagar que tenían y partieron rumbo a la carretera más solitaria. Pulgarcito abrió un poco la ventanilla y con total discreción fue tirando miguitas de pan. Cuando los padres los abandonaron, los seis hermanos comenzaron a llorar como mariquitas. Hasta que Pulgarcito les dijo:

-No os preocupéis, sé la manera de regresar a casa.

Pero como todo el mundo sabe, las desgracias nunca vienen solas y cuando el niño se puso a buscar las migas de pan para seguir su rastro, se dio cuenta que era más idiota de lo que jamás imaginó, porque los pájaros se las habían comido todas, como probablemente hubieran deducido la mayoría de los mortales medianamente inteligentes. Los hermanos lo miraron incrédulos.

-¿De verdad pensabas que íbamos a regresar a casa siguiendo el rastro de unas ridículas migas de pan? -le dijo el mayor, ya adolescente, mientras se sentaba sobre una piedra a liarse un enorme porro–. ¡Tú flipas, canijo! -, añadió con una amplia sonrisa.

Todos los hermanos estallaron en una gran carcajada, por un momento sus afligidos corazones olvidaron aquella desgracia.

Pulgarcito, que pasaba de sus hermanos, vio a lo lejos una casa grande y lujosa con piscina y todo y decidió acercarse a echar un vistazo. El resto de los chicos hicieron lo mismo.

Cuando llegaron, fueron muy bien recibidos por la dueña de la casa, una señora con gruesos labios de silicona que al hablar se movían como si fueran un par de morcillas tiernas. La mujer, temiendo por ellos, los escondió en una habitación secreta. En realidad no quería que su marido los encontrara, ya que de ser así, los mataría a los siete, pues se dedicaba al negocio del tráfico de órganos y nunca desperdiciaba la oportunidad de conseguir unos cuerpos tan jóvenes como aquellos. Pero el hombre, que era grande y gordo como un oso, no tardó en descubrirlos.

-Será mejor que los acuestes para que estén bien descansados. Mañana me encargaré de sacarles todo lo que me sirva –ordenó con voz ronca.

La mujer los acostó en una cama grande junto a la cama donde dormían las siete hijas que ellos tenían. Las niñas eran tan presuntuosas y pedantes que dormían cada una con una corona de oro en la cabeza. A mitad de la noche, Pulgarcito se despertó, algo lógico estando en aquella situación tan complicada, sin embargo sus hermanos dormían a pierna suelta como si no les importara nada. El niño, intentando demostrar que lo de las migas había sido un simple error de cálculo, pues él era pequeño pero no tonto, pensó que quizás el hombre querría matarlos antes del amanecer y así, fue a la cama de las niñas y cambió las coronas por unos gorros ridículos que la mujer les había puesto. Como él sospechó, el hombre se despertó y acudió a la habitación, tocó las cabezas y cuando localizó los gorros sacó un cuchillo y con toda la sangre fría les rajó el cuello a sus propias hijas. Cuando se dio cuenta de su error, no le afectó demasiado porque bajó las escaleras tranquilamente y se lo contó a su mujer como si le relatara la película que acababa de ver por la tele. La esposa subió a la habitación y al ver la sangre calló desmayada al suelo. Los hermanos salieron corriendo, saltaron la verja y escaparon de la casa, no sin antes darse un bañito rápido en la piscina.

El hombre cogió la pistola y su magnífico Porche y los persiguió por la carretera. De manera asombrosa e inexplicable, los niños habían recorrido en unos pocos minutos casi todo el camino a su casa, aunque lo más fantástico fue la recuperación tan espontánea de la memoria pues los siete recordaban perfectamente cual era el trayecto exacto a seguir, pero esto sólo ocurre en los cuentos, obvio. El hombre se quedó sin gasolina, cosas de la vida, y paró en una gasolinera a repostar. Pero, como hacía mucho calor decidió dormir un rato tumbado bajo la sombra de unos árboles cercanos, momento que aprovechó Pulgarcito para quitarle las llaves del Porche y la pistola. El niño les dijo a sus hermanos que continuaran sin detenerse hasta su casa, pues no quedaba lejos y el muy listo se subió en el Porche y partió hacia la comisaría del pueblo. El jefe de policía siempre había sospechado del traficante y lo consideraba culpable de la muerte de su hijo un par de años antes, aunque nunca consiguió pruebas contra él. Agradecido, le dio al pequeño una buena recompensa y consiguió un magnífico trabajo para cada uno de los miembros de la familia. Actualmente, Pulgarcito sigue siendo un enano que nadie sabe cómo hace para conducir un Porche, y menos aún cómo consigue ir cada día con una chica distinta. Su familia vive como auténticos reyes en la casa del traficante de órganos. Algunos dicen, que ahora se dedican al tráfico de drogas y es el hermano mayor quien dirige el negocio familiar.

24/06/2009 01:15 Nieves Enlace permanente. RELATOS No hay comentarios. Comentar.

"EL RAYO"

20090522003516-rayo.jpg

Siempre salíamos de noche, estábamos obligados, sufríamos esa condena. Pero aquel día, cuando el sol se ocultó completamente tras unas inusuales nubes negras de tormenta, un rayo cayó en el tejado de la vieja mansión que nos servía de refugio, traspasó el techo y llegó con una furiosa explosión hasta la sala donde dormíamos tranquilos. Todo quedó destrozado, incluyendo nuestros ataúdes. Estábamos indefensos, desnudos ante la crueldad de la luz del día. Aún así, era tal la oscuridad que producían aquellas extrañas nubes que, a pesar de saber muy bien el peligro que corríamos, despertamos sedientos y con el incontrolable impulso de salir a saciarnos, como si la noche acompañara nuestro más puro y diabólico instinto y nos empujara, una vez más, a cumplir con nuestra maldición eterna.

8 DE MARZO, DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

20090308003057-dia-de-la-mujer.jpg
08/03/2009 00:30 Nieves Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

20090308002722-mano-de-basta-de-violencia.jpg
08/03/2009 00:25 Nieves Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras

Contrato Coloriuris
>